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sábado, 13 de agosto de 2011

Crisis en la Música Sagrada: reflexiones y causas





El padre Uwe Michael Lang, oficial de la Congregación para el Culto Divino y consultor de la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, ha pronunciado una conferencia en la Academia Urbana de las Artes, en el marco del seminario “Las razones del arte”. L’Osservatore Romano publicó amplios pasajes de dicha relación, que a continuación ofrecemos en lengua española.

Entre las muchas contribuciones clarividentes y agudas de Joseph Ratzinger – Benedicto XVI sobre la música sacra, hay una que encuentro particularmente interesante y que quisiera tomar como punto de partida para mis reflexiones: la conferencia “Problemas teológicos de la música sacra”, pronunciada en el Departamento de Música Sacra del Conservatorio Estatal de Música de Stuttgart en enero de 1977 y luego publicada también en otras lenguas. En italiano ha salido por primera vez algunos meses atrás en el libro Teología de la Liturgia, el primer volumen publicado de los dieciséis de la opera omnia de Joseph Ratzinger (Città del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 2010, pagine 858, euro 55).

En esta conferencia, el entonces cardenal Ratzinger identificaba las causas de la crisis contemporánea de la música sacra tanto en la crisis general de la Iglesia desarrollada después del concilio Vaticano II como en la crisis de las artes en el mundo moderno, que ha afectado también a la música. Joseph Ratzinger estaba interesado, sobre todo, en los motivos teológicos de la crisis de la música sacra; parece que “ésta ha terminado en medio de dos piedras de molino teológicas de carácter más bien contrapuesto que, no obstante, cooperan concordemente en desgastarla”.

Por un lado, existe “el funcionalismo puritano de una liturgia entendida en sentido puramente pragmático: el evento litúrgico debe ser, como se dice, liberado del carácter cultual y reconducido a su sencillo punto de partida, un banquetee comunitario”. Esta actitud va de la mano con una lectura equivocada del principio de la participación activa (participatio actuosa), introducido por el Papa san Pío X y promovido por la Constitución del Vaticano II sobre la Sagrada Liturgia. A menudo se entiende la participación activa como “una actividad igual en la liturgia de todos los presentes”, que ya no deja espacio a la música que tiene un tenor artístico más alto y que es cantada por un coro o por una schola, y comprende también el uso de los instrumentos musicales clásicos. En esta visión, sólo es lícito el canto de la asamblea, “que, a su vez, no debe ser juzgado en base a su valor artístico sino únicamente en base a su funcionalidad, es decir, en base a su capacidad de crear y activar una comunidad”.

Por otro lado, está lo que Joseph Ratzinger ha llamado “el funcionalismo de la adaptación”, que ha llevado a la aparición de nuevas formas de coros y orquestas que ejecutan música “religiosa” inspirada en el jazz y en el pop contemporáneo. El actual Papa observa que los “nuevos conjuntos (…) resultaban no menos elitistas que los antiguos coros de iglesia, pero no eran sometidos a la misma crítica”. Ambas actitudes teológicas tienen el mismo efecto: el repertorio tradicional de la música sacra, desde el canto gregoriano hasta las composiciones polifónicas del siglo XX, es juzgado inadaptado para la liturgia y es relegado a la sala de concierto, donde es cuidado y valorado como un objeto de museo o tal vez incluso transformado en una especie de liturgia “secular”.

Ciertamente, se puede sostener que hay algún precedente en la Iglesia primitiva para la actitud de “funcionalismo puritano” en relación con la música en la liturgia. Ya desde los comienzos, el canto de los salmos y, como desarrollo sucesivo, los himnos y cánticos, tenían un puesto natural en el culto cristiano. De todos modos, no se continuaba la práctica musical del Templo de Jerusalén con su carácter festivo y su uso de los instrumentos, descrito en varios salmos. El lugar de la música en la liturgia cristiana corresponde, más bien, al de la música en la sinagoga. Al mismo tiempo, los primeros cristianos estaban preocupados por distinguir claramente la música de su liturgia con la del culto pagano. Una consecuencia de tal toma de distancia tanto del culto del Templo como de las ceremonias paganas era la exclusión de los instrumentos de la liturgia cristiana, que se mantiene todavía en las tradiciones ortodoxas y que se ha expresado en una fuerte corriente también en el Occidente latino, dejado de lado el rol privilegiado del órgano, que ha sido investido de un profundo significado teológico.

Joseph Ratzinger insiste en el hecho de que no se puede interpretar la suspensión de los instrumentos como un rechazo de la dimensión “sagrada” y “cultual” de la música o incluso como un “paso hacia la profanidad”. Al contrario, ésta expresa “una sacralidad acentuada en forma purista”, que se refleja también en los comentarios de los Padres de la Iglesia sobre el uso de la música en la liturgia. Muchos padres presentan la liturgia como el resultado de un proceso de «espiritualización» desde el culto del Templo de la Antigua Alianza con sus sacrificios de animales hacia la logiké latreía (Romanos 12, 1), “un culto que concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón”, un tema clave en el pensamiento del Pontífice. Una música adecuada a la liturgia cristiana tenía que sufrir un proceso de “espiritualización” que los Padres, según Joseph Ratzinger, habían interpretado como una “des-materialización”: la música era admitida sólo en la medida en que servía al movimiento de lo sensible hacia lo espiritual, y de aquí resulta la discontinuidad con la música festiva del Templo y la exclusión de los instrumentos. El actual Papa atribuye la actitud austera de los Padres hacia la música a la fuerza que el pensamiento platónico tenía en la teología patrística, e identifica también los problemas inherentes a esta actitud en cuanto “se acercaba más o menos a la iconoclastia”. De hecho, él lo considera “la hipoteca histórica de la teología” a través del arte en lo sagrado, una hipoteca que reaparece cada tanto en el curso de la historia.

Un particular relieve en este ámbito está constituido por la encíclica Annus qui, escrita por uno de los Papas más sabios de la edad moderna, Benedicto XIV, nacido Prospero Lorenzo Lambertini en 1675, Obispo de Ancona en 1727-1731, cargo que mantuvo también como Papa. En 1728 fue nombrado cardenal y, después de la muerte de Clemente XII, en el largo y controvertido cónclave de 1740, fue elevado a la Sede de Pedro y eligió el nombre de Benedicto XIV. Murió en 1754.

El Papa Lambertini era un canonista y estudioso con un amplio ámbito de intereses, entre los cuales estaba el culto divino. Su magisterio litúrgico puede colocarse dentro del proyecto continuo de reforma puesto en marcha por el Concilio de Trento. La encíclica Annus qui, habiendo sido escrita primero en italiano y luego traducida al latín, revela su objetivo ya en su título completo: “Del culto y pureza de las Iglesias; de la regulación de la celebración de los ritos, y de la Música Eclesiástica, Carta circular a Obispos del Estado Eclesiástico con ocasión del próximo Año Santo”.

Este título indica los argumentos principales de la encíclica: el cuidado de las iglesias, el orden y la solemnidad del culto celebrado en ellas y, de modo particular, la música sagrada. Nótese, además, que la encíclica se dirige a los obispos del Estado Pontificio del próximo Año Santo 1750. El Pontífice esperaba en Roma un gran número de peregrinos que deseaban conseguir “el fruto espiritual de las santas indulgencias”. Benedicto XIV comienza su encíclica con un llamado a la disciplina eclesiástica, animando a su clero a hacer todo lo que estaba en su poder para asegurar que los muchos visitantes en la ciudad eterna no volvieran a sus patrias escandalizados por lo que habían visto. De hecho, Roma y todo el Estado Pontificio deben brindar un ejemplo de celebración litúrgica y de música sacra para todo el mundo católico. Sin duda, el Papa Lambertini era consciente de los límites de su poder en tales cuestiones, que dependían en gran parte del patrocinio local tanto eclesiástico como secular. Sin embargo, estaba decidido a mantener un nivel más alto en su propio territorio.

Las principales preocupaciones de Benedicto XIV sobre la polifonía sacra – en continuidad con los debates en el Concilio de Trento y las declaraciones sucesivas de Papas y de sínodos locales – son la integridad y la inteligibilidad del texto litúrgico que musicalizado. En particular, cuando se cantan los pasajes polifónicos en la Misa o en el Oficio Divino, deben contener los “propios” que son partes integrantes de la sagrada liturgia. Dada esta premisa, Benedicto XIV se refiere a un decreto publicado por su predecesor Inocencio XII en 1692, que prohibió en general el canto de todo motete. En las santas Misas solemnes sólo permitió, además del canto del Gloria y del Símbolo, el canto del Introito, el Gradual y el Ofertorio. En las Vísperas no admitió ningún cambio, ni siquiera mínimo, en las Antífonas que se dicen al inicio y al final de cada Salmo.

Además, la encíclica nota que se ha hecho común en los últimos tiempos utilizar la música de carácter teatral en el culto divino. El problema de este tipo de música es que busca hacer que los oyentes disfruten de la melodía, del ritmo, de la calidad de las voces, y así sucesivamente, mientras el significado de las palabras se vuelve secundario. En cambio, afirma de modo inequívoco Benedicto XIV, esto no vale para la liturgia: “No debe ser así, en cambio, en el canto Eclesiástico; más bien, en éste se debe buscar lo opuesto”. En otras palabras, la música sacra que merece ese nombre debe servir siempre a un fin espiritual y teológico, no sólo estético.

La encíclica continúa luego con la cuestión del uso de los instrumentos en la iglesia. El Pontífice considera que esta cuestión es fundamental para distinguir la música sacra de la de los teatros. En primer lugar, él determina cuáles son los instrumentos que se pueden tolerar (nótese la elección de las palabras: “de los instrumentos que pueden ser tolerados en las Iglesias”). Benedicto XIV sigue su habitual metodología y cita varias opiniones, en particular el primer Concilio Provincial de Milán, realizado bajo san Carlos Borromeo, que admitió sólo el órgano y excluyó todos los otros instrumentos.

En segundo lugar, el Papa Lambertini establece que los instrumentos permitidos deben sonar sólo para sostener el canto de la voz humana. En este punto, el lenguaje del Pontífice se vuelve muy decidido, cuando declara: “Sin embargo, si los instrumentos continúan sonando, y sólo alguna vez se silencian, como se acostumbra hoy, para dejar tiempo a los oyentes de escuchar las armónicas modulaciones, las vibrantes puntadas de las voces, vulgarmente llamados trinos (una referencia a Juan XXII, Docta Sanctorum Patrum); si, por lo demás, no hacen otra cosa que oprimir y sepultar las voces del coro, y el sentido de las palabras, entonces el uso de los instrumentos no alcanza el fin querido, se vuelve inútil y más aún continúa prohibido”.

En tercer lugar, respecto a la música orquestal, Annus qui concede que podrá continuar donde ya ha sido introducida, con tal que sea seria y no lleve, a causa de su extensión, al aburrimiento o grave incómodo a quienes están en el Coro o que sirven en el Altar, en las Vísperas y en las Misas.

Tomado de:
http://www.iglesiaviva.net/-reflexiones/6093-ipor-que-esta-en-crisis-la-musica-sacra.html


sábado, 4 de junio de 2011

Música litúrgica:El Papa marca de nuevo el rumbo

Me encontré esta noticia en ACI prensa. El Santo Padre dirigiendo el rumbo hacia un discernimiento claro y conforme lo quiere la Iglesia, de la Música que se usa en la Liturgia. Creo que puede iluminar muchas dudas pastorales en la materia.La comparto tal cual. Los subrayados y renegridos son míos.



VATICANO, 31 May. 11 / 09:24 am (ACI/EWTN Noticias)

En su carta enviada en ocasión del 100° aniversario del Pontificio Instituto de Música Sacra, el Papa Benedicto XVI alentó a tener la formación adecuada que permita discernir siempre la calidad de la música que se usa en la liturgia.

En el texto dado a conocer hoy y enviado al Cardenal Zenon Grocholewski, Gran Canciller del Pontificio Instituto, el Papa recuerda que fue San Pío X quien fundó la Escuela Superior de Música Sacra, elevada dos décadas después a Pontificio Instituto por Pío XI.

Benedicto XVI destacó que para comprender claramente la identidad y la misión de ese Instituto era necesario saber que San Pío X lo fundó "ocho años después de haber emanado el Motu Proprio ?Tra le sollecitudini? del 22 de noviembre de 1903, con el que llevó a cabo una profunda reforma en el campo de la música sacra, recurriendo a la gran tradición de la Iglesia contra el influjo ejercido por la música profana, sobre todo la ópera".

"Para ser actuada en la Iglesia universal, esa intervención magisterial necesitaba de un centro de estudios y de enseñanza que transmitiera de forma fiel y calificada las líneas indicadas por el Sumo Pontífice según la tradición, auténtica y gloriosa, que se remonta a San Gregorio Magno".

"En el lapso de los últimos cien años ?prosiguió Benedicto XVI? esta institución ha asimilado, elaborado y transmitido los contenidos doctrinales y pastorales de los documentos pontificios, al igual que los del Concilio Vaticano II concernientes a la música sacra para que iluminen y guíen la obra de los compositores, de los maestros de capilla, de los liturgistas, de los músicos y de todos los formadores en este ámbito".

El Papa resaltó después cómo desde San Pío X hasta hoy "teniendo en cuenta la evolución natural, hay una continuidad sustancial del Magisterio acerca de la música sacra" y citó a Pablo VI y Juan Pablo II, que "a la luz de la constitución conciliar Sacrosanctum concilium reiteraron la finalidad de la música sacra, es decir, la gloria de Dios y la santificación de los fieles".

Ambos pontífices propusieron además "los criterios fundamentales de la tradición al respecto: el sentido de la oración, la dignidad y la belleza; la plena adherencia a los textos y gestos litúrgicos; la participación de la asamblea y, por lo tanto, la adaptación legítima a la cultura local conservando al mismo tiempo la universalidad del lenguaje"

Otros elementos que consideraron fueron también "el primado del canto gregoriano como modelo supremo de música sacra y la cuidadosa valoración de las otras formas expresivas que forman parte del patrimonio histórico litúrgico de la Iglesia, especialmente, pero no sólo la polifonía; la importancia de la schola cantorum", en particular en las catedrales".

"Pero tenemos que preguntarnos siempre:¿Cuál es el verdadero sujeto de la liturgia? La respuesta es sencilla: la Iglesia.No es el individuo o el grupo que celebra la liturgia, sino que ésta es en primer lugar la acción de Dios a través de la Iglesia, que cuenta con su historia, su rica tradición y su creatividad".

"La liturgia, y en consecuencia la música sacra, ´"vive de una relación constante y adecuada entre sana traditio? y legitima progressio, teniendo siempre presente que estos dos conceptos se integran mutuamente porque la tradición es una realidad viva y engloba por lo tanto en sí misma el principio del desarrollo y del progreso", aseguró.

Siendo fiel a su misión y teniendo en cuenta los elementos descritos, continuó el Papa, "este Pontificio Instituto seguirá ofreciendo una contribución válida para la formación en este campo, de pastores y fieles laicos en las Iglesias particulares, favoreciendo también, un adecuado discernimiento de la calidad de las composiciones musicales utilizadas en las celebraciones litúrgicas".

"Para estas importantes finalidades concluyó pueden contar con mi constante solicitud, acompañada del particular recuerdo en la oración, que confío a la celeste intercesión de la Beata Virgen María y de Santa Cecilia, mientras, auspiciando copiosos frutos de las celebraciones centenarias, de corazón imparto a usted, a los docentes y al personal y a todos los alumnos del Instituto, una especial Bendición Apostólica".

viernes, 2 de mayo de 2008

La vivencia del Misterio Eucarístico por el ministro del canto litúrgico


En esta ocasión les presento la conferencia
del Pbro. Jesús Sánchez Montejano.
Es substanciosa en cuanto a lo doctrinal,
pero impulsa a una reflexión profunda sobre
cómo vivimos nuestra vocación al "ministerio no instituido"
del canto y la música litúrgica.
Nuevamente les solicitamos referenciarnos
si este material es usado para su publicación.







La vivencia del Misterio Eucarístico
por parte del Ministro del Canto Litúrgico


Pbro. Jesús María Sánchez Montejano


Introducción


El Misterio Eucarístico y el ministro del canto.

La Eucaristía es para la Iglesia culminación y fuente de la vida liturgica (SC y P. Alberto Aranda), la cual es a su vez, culmen y fuente de la vida de la Iglesia (SC).

Ya que, como lo enseña la misma SC: no solo envió el Senor a los apóstoles a anunciar la Buena Nueva de su bienaventurada pasión y resurrección redentoras a todos los rincones de la tierra, sino que también los envió a realizar el Misterio Pascual que anunciaban mediante la administración de los sacramentos, sbre todo en la celebración de la Eucaristía.

De tal forma que para entender el Misterio de la Eucaristía, necesitamos entender el Misterio Pascual que celebra, que es el centro de la vida Litúrgica y de la Iglesia y también su razón de ser.

Qué es el Misterio de la redención?

Al hablar de este Misterio Pascual, nos referimos con San Pablo a los Efesios a ese Misterio de elección, santificación, perfección divina, para las cuales Dios creó en su amor al género humano. Misterio anunciado desde antiguo por los profetas del pueblo elegido de Israel. Misterio manifestado en la encarnación, vida, pasión, resurrección y ascensión de su Unigénito y Verbo divino para la redención del género humano (Misterio Pascual de redención). Misterio realizado por Cristo que encabeza por el Espíritu Santo todo el proceso de redención de los hombres, llamándolos a formar una sola familia, en un solo Cuerpo, bajo un solo Pastor (Misterio de comunión). Misterio que mediante el servicio de la Iglesia a la humanidad (Misterio de caridad), se va proyectando en la historia hasta la consumación de los siglos (Misterio escatológico). Misterio que da al ser humano la capacidad de abrazar la voluntad de Dios en una adhesión incondicional y entrega total (Misterio de fe).

Relación del Misterio con la Liturgia
Es este Misterio el que la Liturgia celebra, anuncia y realiza, en ese culto público que Cristo rinde al Padre, asociando a sí a su Cuerpo y Esposa la Iglesia, para hacerlo presente mediante ella en la historia bajo la acción del Espíritu Santo.

Liturgia = Culto público que Cristo rinde al Padre en el que asociando a sí a su Cuerpo la Iglesia, celebra, anuncia y realiza por medio de ella su Misterio Pascual en la historia, bajo la acción del Espîritu Santo.Relación de la Eucaristía con el Misterio celebrado en la Liturgia

En la Liturgia el Misterio se hace Eucaristía, es decir, memorial y bendición de Cristo, por él, con él y en él, en la celebración que lo anuncia y realiza, para el perdón de los pecados, para la unidad del género humano en la caridad de Cristo, para la diginificacion en Cristo de la humanidad caída, para la participación de muchos en la vida eterna y divina.

Relación del ministro del canto con la Liturgia del Misterio
Mediante la celebración litúrgica Dios nos bendice transformándonos en instrumentos, de la obra y acción redentoras de Cristo. En ella somos llamados a responder libremente a esta bendición disponiendonos a la acción del Espíritu Santo, que derrama sobre nosotros dones y ministerios para la edificación de la Iglesia. Es así como surge en la comunidad de la Iglesia el servicio, o ministerio no instituído del canto y la música litúrgicos.

Es importante pues, descubrir como se llega a este ministerio y sobre todo, como este se relaciona con la celebración eucarística como uno de los dones y vocación importantísimos, tanto en la comunidad cristiana como en la celebración de la eucaristía, para comprender mejor lo que significa la experiencia de su realización.

Del Misterio anunciado al Misterio cantado.

Cristo al final de su ministerio público anunció a sus discípulos su pasión y la Nueva Alianza sellada con su sangre para la redención, es decir el perdón, de los pecados de muchos. Y la anticipa en la cena Pascual de la noche en que iba a ser entregado, mediante la entrega incruenta de su Cuerpo y de su Sangre en el pan y el vino consagrados para hacer su memorial.

Esta entrega se consumó en el momento de su pasión y muerte en la cruz, y cumple en plenitud con la redención en su resurrección gloriosa. Así con su muerte destruyó nuestra muerte, con su resurrección nos dió nueva vida, y mediante esta Pascua suya realizó la redención anunciada.

Luego el Señor, antes de su Ascensión congrega a sus discípulos en Iglesia y les consigna la misión de continuar su obra redentora en el anuncio de la Buena Nueva del Reino de Dios y el llamado a la conversión a todos los pueblos. Al mismo tiempo, les confirmó que estaría con ellos todos los días hasta el fin de los tiempos y donde quiera que se reunieran en su nombre por el Espíritu Santo, mediante los signos sacramentales que mandó celebrar a los apostóles por el mismo Espíritu, como signos del encuentro entre Cristo y sus discípulos, entre su Iglesia y la humanidad.

El día de Pentecostés el Espíritu Santo se manifesta a los discípulos colmándolos de dones para realizar esta misión y manifestando por medio de ellos el Misterio de la Iglesia a los hombres.

A partir de entonces, la Buena Nueva de Cristo cuyo núcleo central es el Misterio Pascual de su pasión, resurrección y ascensión, nos es anunciada una y otra vez, por medio del ministerio evangelizador de la lglesia y la celebración de los sacramentos, en orden a perfeccionar nuestra participación en la redención mediante:
-la conversión constante;
-el fortalecimiento de nuestra comunión con Cristo a través de la Iglesia;
-el incremento de la acción del Espíritu mediante la Palabra y la gracia sacramental;
-la participación de bienes en la caridad (explicar);
-y las oraciones.

El punto de partida de este proceso de perfeccionamiento en cada uno de los discîpulos de Cristo es la iniciación cristiana (Bautismo, confirmación e iniciación en la comunion eucaristica sacramental).

En ella se nos confiere la gracia de la redención del pecado original, la adopción filial, la transformación en templos del Espíritu, la incorporación a la Iglesia y a su misión, la participación en el Reino de Dios y la vida eterna. En esta iniciación mediante la Confirmación, Dios nos concede el poder del Espîritu para ser testigos y dar testimonio de la redención en el mundo. El Espíritu mismo nos va impulsando, así como llamando al servicio de Cristo y de la Iglesia, mediante una vocación especîfica, dones particulares y carismas para edificar a la Iglesia y colaborar en la difusión y extensión del Reino de Dios en el mundo.

En los que ya somos miembros de Cristo por el Bautismo, Dios renueva constantemente este proceso de perfeccionamiento en el servicio y en la misión, por el Espíritu Santo en la Liturgia de la Eucaristía, dándonos en ella la gracia para configurarnos en nuestro ser con Cristo, para que como colaboradores de su acción por medio de la Iglesia, lo hagamos presente en nuestro tiempo y nuestra historia.

Para colaborar con esta gracia inmensa y misteriosa, los discîpulos de Cristo respondemos a ella participando en los diversos grados de instrucción, en las distintas celebraciones litúrgicas, en la participación de bienes en la caridad, en las oraciones tanto comunitarias como particulares, así como compartiendo también las expresiones sencillas de busqueda de Dios y gratitud hacia él, propias de la piedad y religiosidad popular.

De esta participación surge la experiencia del encuentro renovado con el Cuerpo de Cristo, mismo que nos va preparando a la gracia del encuentro personal con el Señor, el Maestro, el Camino, el Amigo, el Amado en la Eucaristía y en la oración individual.

Las diversas vivencias de encuentro con el Señor, sea a través de la experiencia eclesial, comunitaria o popular, sea a través de la gracia de un encuentro más íntimo o místico tienen su culminación y fuente en el Misterio de la Eucaristía, que como culmen y fuente de la Liturgia es eminentemente Misterio Pascual de redención, Misterio de fe, de comunión, de caridad y escatológico. Del encuentro con Cristo y con su Iglesia en la Eucaristía surge la necesidad de expresar la alegría de la redención a través de la música y el canto.

- La vivencia eucarística del ministerio de la música y el canto litúrgicos

Ahora bien, no es lo mismo ser interprete de la música y el canto litúrgicos, que ser servidor de la voz de Cristo y de su Iglesia en la Liturgia. De hecho, la mayoría de nosotros comenzamos a participar en el canto litúrgico, más como interpretes que como protagonistas de la vivencia del encuentro con Cristo en la eucaristía.

Sin duda, hay que saber interpretar correctamente la tradición musical de la Iglesia, así como los cantos sencillos de las expresiones populares musicales. Pero una cosa es ser interprete de la vivencia eucarística eclesial cantada, y otra ser instrumento de la gracia para expresar y comunicar la vivencia del misterio mediante el canto y la música. Lo primero se logra en la escuela de música y canto, lo segundo de rodillas ante Dios nuestro Señor y en actitud de escucha y obediencia a su Palabra.

Aquello exige del cantor disciplina y excelencia en el manejo de la voz para trasmitir a la comunidad que lo escucha la vivencia del canto que interpreta. Esto exige desprendimiento de sí y una profunda comunión y caridad con la comunidad cristiana de la cual se es miembro, para servirle mediante el canto y la musica como animador, inspirador y portavoz de la vivencia del Misterio de la redención, a ella y al ministro que la preside en nombre de Cristo. El ministro del canto en la Iglesia está al servicio de la Palabra, de la acción de Cristo bajo los signos sacramentales y de la experiencia que la comunidad va teniendo del encuentro con Cristo a través de la instrucción, la celebracion, la caridad y la oración, cosa que no lo exenta de saber expresar con maestría la música y el canto pero pone el énfasis en el servicio a la Palabra, a los signos litúrgicos y al Cuerpo mismo de Cristo.

De la experiencia del ministro del canto litúrgico a la experiencia de la comunidad.

El ministerio no instituído del canto litúrgico tanto en la liturgia en general como en la Liturgia de la Eucaristía, es a la vez vocación y don. Habrá quien tiene vocación de músico, pero no vocación a ser mediante la música servidor del culto litúrgico. Esto lo va distinguiendo el bautizado con la comunidad cristiana en la medida de su participación generosa y desinteresada en ella.

Quien descubre esta vocación y en quien la comunidad lo descubre, recibe de la Iglesia la vivencia del encuentro con Cristo y del servicio a Cristo en la Liturgia y en la Eucaristía, pero esta vivencia no es para sí, ni para deleite personal, ni para exhibirse como lo haría un artista que se dedica a deleitar a su auditorio, ni para escalar en la posición social o económica, sino para impulsar a la comunidad a celebrar, anunciar y realizar en su vida la vivencia del Misterio que canta. Es por ejemplo la vivencia de la comunidad de Milán amenazada por arrianismo y animada por su Obispo a confesar y vivir su fe a partir del canto de los salmos en la Liturgia. y así encontramos una multitud de vivencias semejantes a lo largo de la historia.

Ahora, parte de esta vivencia de encuentro con el Misterio de Cristo y de su Iglesia, que tiene como dijimos anteriormente su fuente y culminacion en la Eucaristía, se va comunicando por medio del canto a traves de los diversos momentos de esta celebración y de los diversos aspectos del Misterio de Cristo que se manifiestan en la misma. Siempre en base a la Palabra, que anuncia el Misterio de la Pascua y la persona misma de Cristo y al signo eucarístico, que lo manifiesta místicamente y nos pone en comunión con él.

- Los momentos de la celebración del Misterio

1. Momento del misterio preparado: convocación y llamado a la conversión - Ritos iniciales y ritos penitenciales.
2. Momento del misterio anunciado: Liturgia de la Palabra, acogida del anuncio mediante el símbolo de la fe y respuesta de fe en la plegaria universal.
3. Momento del misterio realizado y manifestado bajo el signo del pan y del vio eucaristizados: Liturgia de la Eucaristía.
4. Momento del misterio participado en la admnistración de la comunión sacramental.
5. Momento del misterio adorado: después de la comunión y en el himno de accion de gracias.
6. Momento del misterio encarnado: los que paricipan en la eucaristía fortalecen su incorporación a Cristo y su ministerio de misión sacerdotal, profética y de liderazgo en el servicio.
7. Momento del misterio contemplado: cuando se prolonga el encuentro eucarístico en el culto al santísimo Sacramento del altar fuera de la Liturgia eucarística.

Cada uno de estos momentos requiere de una expresión cantada y musical que lo distinga y disponga a la asamblea a tener una participación plena en él, es decir de cuerpo, sentimientos, mente y corazón.

- Los tiempos del Misterio que se expresan en la liturgia de la Eucaristía.
El tiempo de preparación y anuncio del advenimiento de su manifestacion a todos los hombres (Adviento).
El tiempo de su manifestación encarnada al mundo, a los pobres, a los pueblos y al pueblo elegido de Israel (Navidad).
El tiempo de la conversión y la renuncia de sí para participar en él (Cuaresma).
El tiempo de su manifestación gloriosa y exaltación (Pascua).
El tiempo de su proyecciøn en la historia hasta la consumación de los siglos (Tiempo ordinario)