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sábado, 13 de agosto de 2011

Crisis en la Música Sagrada: reflexiones y causas





El padre Uwe Michael Lang, oficial de la Congregación para el Culto Divino y consultor de la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, ha pronunciado una conferencia en la Academia Urbana de las Artes, en el marco del seminario “Las razones del arte”. L’Osservatore Romano publicó amplios pasajes de dicha relación, que a continuación ofrecemos en lengua española.

Entre las muchas contribuciones clarividentes y agudas de Joseph Ratzinger – Benedicto XVI sobre la música sacra, hay una que encuentro particularmente interesante y que quisiera tomar como punto de partida para mis reflexiones: la conferencia “Problemas teológicos de la música sacra”, pronunciada en el Departamento de Música Sacra del Conservatorio Estatal de Música de Stuttgart en enero de 1977 y luego publicada también en otras lenguas. En italiano ha salido por primera vez algunos meses atrás en el libro Teología de la Liturgia, el primer volumen publicado de los dieciséis de la opera omnia de Joseph Ratzinger (Città del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 2010, pagine 858, euro 55).

En esta conferencia, el entonces cardenal Ratzinger identificaba las causas de la crisis contemporánea de la música sacra tanto en la crisis general de la Iglesia desarrollada después del concilio Vaticano II como en la crisis de las artes en el mundo moderno, que ha afectado también a la música. Joseph Ratzinger estaba interesado, sobre todo, en los motivos teológicos de la crisis de la música sacra; parece que “ésta ha terminado en medio de dos piedras de molino teológicas de carácter más bien contrapuesto que, no obstante, cooperan concordemente en desgastarla”.

Por un lado, existe “el funcionalismo puritano de una liturgia entendida en sentido puramente pragmático: el evento litúrgico debe ser, como se dice, liberado del carácter cultual y reconducido a su sencillo punto de partida, un banquetee comunitario”. Esta actitud va de la mano con una lectura equivocada del principio de la participación activa (participatio actuosa), introducido por el Papa san Pío X y promovido por la Constitución del Vaticano II sobre la Sagrada Liturgia. A menudo se entiende la participación activa como “una actividad igual en la liturgia de todos los presentes”, que ya no deja espacio a la música que tiene un tenor artístico más alto y que es cantada por un coro o por una schola, y comprende también el uso de los instrumentos musicales clásicos. En esta visión, sólo es lícito el canto de la asamblea, “que, a su vez, no debe ser juzgado en base a su valor artístico sino únicamente en base a su funcionalidad, es decir, en base a su capacidad de crear y activar una comunidad”.

Por otro lado, está lo que Joseph Ratzinger ha llamado “el funcionalismo de la adaptación”, que ha llevado a la aparición de nuevas formas de coros y orquestas que ejecutan música “religiosa” inspirada en el jazz y en el pop contemporáneo. El actual Papa observa que los “nuevos conjuntos (…) resultaban no menos elitistas que los antiguos coros de iglesia, pero no eran sometidos a la misma crítica”. Ambas actitudes teológicas tienen el mismo efecto: el repertorio tradicional de la música sacra, desde el canto gregoriano hasta las composiciones polifónicas del siglo XX, es juzgado inadaptado para la liturgia y es relegado a la sala de concierto, donde es cuidado y valorado como un objeto de museo o tal vez incluso transformado en una especie de liturgia “secular”.

Ciertamente, se puede sostener que hay algún precedente en la Iglesia primitiva para la actitud de “funcionalismo puritano” en relación con la música en la liturgia. Ya desde los comienzos, el canto de los salmos y, como desarrollo sucesivo, los himnos y cánticos, tenían un puesto natural en el culto cristiano. De todos modos, no se continuaba la práctica musical del Templo de Jerusalén con su carácter festivo y su uso de los instrumentos, descrito en varios salmos. El lugar de la música en la liturgia cristiana corresponde, más bien, al de la música en la sinagoga. Al mismo tiempo, los primeros cristianos estaban preocupados por distinguir claramente la música de su liturgia con la del culto pagano. Una consecuencia de tal toma de distancia tanto del culto del Templo como de las ceremonias paganas era la exclusión de los instrumentos de la liturgia cristiana, que se mantiene todavía en las tradiciones ortodoxas y que se ha expresado en una fuerte corriente también en el Occidente latino, dejado de lado el rol privilegiado del órgano, que ha sido investido de un profundo significado teológico.

Joseph Ratzinger insiste en el hecho de que no se puede interpretar la suspensión de los instrumentos como un rechazo de la dimensión “sagrada” y “cultual” de la música o incluso como un “paso hacia la profanidad”. Al contrario, ésta expresa “una sacralidad acentuada en forma purista”, que se refleja también en los comentarios de los Padres de la Iglesia sobre el uso de la música en la liturgia. Muchos padres presentan la liturgia como el resultado de un proceso de «espiritualización» desde el culto del Templo de la Antigua Alianza con sus sacrificios de animales hacia la logiké latreía (Romanos 12, 1), “un culto que concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón”, un tema clave en el pensamiento del Pontífice. Una música adecuada a la liturgia cristiana tenía que sufrir un proceso de “espiritualización” que los Padres, según Joseph Ratzinger, habían interpretado como una “des-materialización”: la música era admitida sólo en la medida en que servía al movimiento de lo sensible hacia lo espiritual, y de aquí resulta la discontinuidad con la música festiva del Templo y la exclusión de los instrumentos. El actual Papa atribuye la actitud austera de los Padres hacia la música a la fuerza que el pensamiento platónico tenía en la teología patrística, e identifica también los problemas inherentes a esta actitud en cuanto “se acercaba más o menos a la iconoclastia”. De hecho, él lo considera “la hipoteca histórica de la teología” a través del arte en lo sagrado, una hipoteca que reaparece cada tanto en el curso de la historia.

Un particular relieve en este ámbito está constituido por la encíclica Annus qui, escrita por uno de los Papas más sabios de la edad moderna, Benedicto XIV, nacido Prospero Lorenzo Lambertini en 1675, Obispo de Ancona en 1727-1731, cargo que mantuvo también como Papa. En 1728 fue nombrado cardenal y, después de la muerte de Clemente XII, en el largo y controvertido cónclave de 1740, fue elevado a la Sede de Pedro y eligió el nombre de Benedicto XIV. Murió en 1754.

El Papa Lambertini era un canonista y estudioso con un amplio ámbito de intereses, entre los cuales estaba el culto divino. Su magisterio litúrgico puede colocarse dentro del proyecto continuo de reforma puesto en marcha por el Concilio de Trento. La encíclica Annus qui, habiendo sido escrita primero en italiano y luego traducida al latín, revela su objetivo ya en su título completo: “Del culto y pureza de las Iglesias; de la regulación de la celebración de los ritos, y de la Música Eclesiástica, Carta circular a Obispos del Estado Eclesiástico con ocasión del próximo Año Santo”.

Este título indica los argumentos principales de la encíclica: el cuidado de las iglesias, el orden y la solemnidad del culto celebrado en ellas y, de modo particular, la música sagrada. Nótese, además, que la encíclica se dirige a los obispos del Estado Pontificio del próximo Año Santo 1750. El Pontífice esperaba en Roma un gran número de peregrinos que deseaban conseguir “el fruto espiritual de las santas indulgencias”. Benedicto XIV comienza su encíclica con un llamado a la disciplina eclesiástica, animando a su clero a hacer todo lo que estaba en su poder para asegurar que los muchos visitantes en la ciudad eterna no volvieran a sus patrias escandalizados por lo que habían visto. De hecho, Roma y todo el Estado Pontificio deben brindar un ejemplo de celebración litúrgica y de música sacra para todo el mundo católico. Sin duda, el Papa Lambertini era consciente de los límites de su poder en tales cuestiones, que dependían en gran parte del patrocinio local tanto eclesiástico como secular. Sin embargo, estaba decidido a mantener un nivel más alto en su propio territorio.

Las principales preocupaciones de Benedicto XIV sobre la polifonía sacra – en continuidad con los debates en el Concilio de Trento y las declaraciones sucesivas de Papas y de sínodos locales – son la integridad y la inteligibilidad del texto litúrgico que musicalizado. En particular, cuando se cantan los pasajes polifónicos en la Misa o en el Oficio Divino, deben contener los “propios” que son partes integrantes de la sagrada liturgia. Dada esta premisa, Benedicto XIV se refiere a un decreto publicado por su predecesor Inocencio XII en 1692, que prohibió en general el canto de todo motete. En las santas Misas solemnes sólo permitió, además del canto del Gloria y del Símbolo, el canto del Introito, el Gradual y el Ofertorio. En las Vísperas no admitió ningún cambio, ni siquiera mínimo, en las Antífonas que se dicen al inicio y al final de cada Salmo.

Además, la encíclica nota que se ha hecho común en los últimos tiempos utilizar la música de carácter teatral en el culto divino. El problema de este tipo de música es que busca hacer que los oyentes disfruten de la melodía, del ritmo, de la calidad de las voces, y así sucesivamente, mientras el significado de las palabras se vuelve secundario. En cambio, afirma de modo inequívoco Benedicto XIV, esto no vale para la liturgia: “No debe ser así, en cambio, en el canto Eclesiástico; más bien, en éste se debe buscar lo opuesto”. En otras palabras, la música sacra que merece ese nombre debe servir siempre a un fin espiritual y teológico, no sólo estético.

La encíclica continúa luego con la cuestión del uso de los instrumentos en la iglesia. El Pontífice considera que esta cuestión es fundamental para distinguir la música sacra de la de los teatros. En primer lugar, él determina cuáles son los instrumentos que se pueden tolerar (nótese la elección de las palabras: “de los instrumentos que pueden ser tolerados en las Iglesias”). Benedicto XIV sigue su habitual metodología y cita varias opiniones, en particular el primer Concilio Provincial de Milán, realizado bajo san Carlos Borromeo, que admitió sólo el órgano y excluyó todos los otros instrumentos.

En segundo lugar, el Papa Lambertini establece que los instrumentos permitidos deben sonar sólo para sostener el canto de la voz humana. En este punto, el lenguaje del Pontífice se vuelve muy decidido, cuando declara: “Sin embargo, si los instrumentos continúan sonando, y sólo alguna vez se silencian, como se acostumbra hoy, para dejar tiempo a los oyentes de escuchar las armónicas modulaciones, las vibrantes puntadas de las voces, vulgarmente llamados trinos (una referencia a Juan XXII, Docta Sanctorum Patrum); si, por lo demás, no hacen otra cosa que oprimir y sepultar las voces del coro, y el sentido de las palabras, entonces el uso de los instrumentos no alcanza el fin querido, se vuelve inútil y más aún continúa prohibido”.

En tercer lugar, respecto a la música orquestal, Annus qui concede que podrá continuar donde ya ha sido introducida, con tal que sea seria y no lleve, a causa de su extensión, al aburrimiento o grave incómodo a quienes están en el Coro o que sirven en el Altar, en las Vísperas y en las Misas.

Tomado de:
http://www.iglesiaviva.net/-reflexiones/6093-ipor-que-esta-en-crisis-la-musica-sacra.html


jueves, 10 de marzo de 2011

Esperanzadora acción Vaticana en favor de la Liturgia y la Música Sagrada


Esperanzadora resulta en verdad esta noticia publicada por ACI prensa el pasado 3 de marzo, en la que el Card Cañizares, Prefecto para la Congregación del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, puntualiza la centralidad que debe tener la Liturgia en la Vida Cristiana, y sobre todo, rescata esta centralidad como fruto precioso del auténtico espíritu del Vaticano II. Por si fuera poco, anuncia la feliz noticia de una reestructuración del Dicasterio a su cargo, la cual incluirá un apartado para la Música y el Arte Sagrados. ¿Será este el golpe de timón que el Santo Padre busca realizar para corregir el caos en el que nos encontramos en la materia?


MADRID, 03 Mar. 11 / 06:01 am (ACI)

El Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Cardenal Antonio Cañizares, afirmó que se está viviendo "una situación dramática caracterizada por el olvido de Dios", que exige recobrar para la liturgia el lugar que le corresponde en la vida de los cristianos.

"¡Cuánta rutina y mediocridad, cuánta trivialización y superficialidad se nos ha metido!; ¡cuántas misas celebradas de cualquier manera o participadas en cualquier disposición!; de ahí nuestra gran debilidad", expresó el Purpurado el 25 de febrero a la revista española Vida Nueva.

El Cardenal afirmó que el Concilio Vaticano II puso a la sagrada liturgia "en el centro de la vida y misión de la Iglesia". Sin embargo, cuestionó si se puede afirmar "que todo lo que se ha hecho y hace es la renovación querida por el Concilio".

"¿El pueblo de Dios, fieles y pastores, vive de verdad de la liturgia, está en el centro de nuestras vidas? ¿Se han enseñado y asimilado las enseñanzas conciliares, se ha mantenido una fidelidad a las mismas, o se las ha interpretado correctamente en la clave de la continuidad que pide el Papa?", preguntó.

En el diálogo, el Cardenal Cañizares recordó que la liturgia es ante todo obra de Dios "y que nada se puede anteponer a ella. Solo Dios, la 'revolución de Dios', Dios en el centro de todo, podrá renovar y cambiar el mundo".

Reestructuración del dicasterio

En otro momento de la entrevista, el Cardenal Cañizares explicó que entre los proyectos inmediatos de la Congregación está "la reestructuración del dicasterio, que afecta, por ejemplo, a la creación de una sección nueva para la música y el arte sagrados al servicio de la liturgia".

"Otro aspecto de esta misma reestructuración se refiere a la transferencia a otro organismo de la Santa Sede del 'oficio matrimonial' para el caso del matrimonio ''rato y no consumado'; ya pasó, hace años, a Clero, la dispensa de las obligaciones sacerdotales".

Sin embargo, negó que el dicasterio ya no se vaya a ocupar de los sacramentos. Dijo que no puede desaparecer de la competencia de la Congregación el aspecto de la "disciplina". "Liturgia y sacramentos van unidos, son una misma cosa, y, además, la disciplina pertenece a la misma entraña de los sacramentos y de la liturgia", explicó.

El Cardenal afirmó que "hay normas que cumplir, un derecho que acatar -el de Dios- y también abusos que corregir. Por eso, en modo alguno desaparece de la Congregación la 'disciplina de los sacramentos'; al contrario, quedará reforzada".

"Por lo demás, todo ello permitirá dedicar y concentrar la mayoría de los no pocos esfuerzos y trabajos que se necesitan en todo aquello que posibilite intensificar el movimiento litúrgico que sigue vivo, como obra del Espíritu Santo, del Vaticano II", señaló.

La entrevista completa está en http://www.vidanueva.es/2011/02/25/antonio-canizares-solo-la-vida-liturgica-podra-volvernos-verdaderamente-a-dios-2/

domingo, 27 de febrero de 2011

La liturgia no es un "Show"


Publicado por ACI Prensa el 3 de marzo de 2004, traemos un extracto de una entrevista concedida por el entonces Card Joseph Ratzinger al Diario "La razón", en torno a la tendencia de pervertir el aspecto "comunicativo" de la liturgia, reduciéndola aun mero espectáculo, de mucha "Participación Activa" y poca "Participación Interior".










En una entrevista publicada en el diario La Razón, el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, advirtió del peligro de transformar la liturgia en “espectáculo” y disponer de ella según el capricho. “De este modo acabamos corrompiéndola”, precisó el Purpurado al ser interrogado por Renzo Giacomelli.
Cuando el periodista cuestionó su severidad “con quien utiliza la liturgia de manera sólo comunicativa”, el Purpurado alemán precisó que “la liturgia es comunicativa y pastoral”.

“Me opongo a quienes piensan que sólo es comunicativa si se transforma en espectáculo, en una especie de ‘show’, reduciendo a muy poco esa gran obra de arte que es la liturgia, cuando se celebra bien y con participación interior.
Los fieles no se sienten involucrados en celebraciones ‘creativas’ que no les dicen nada”, añadió el Prefecto.
Asimismo, lamentó que “con demasiada frecuencia se trata la liturgia como una cosa de la que uno puede disponer según su capricho, como si fuera nuestra propiedad exclusiva. Pero de este modo acabamos corrompiéndola”.


En otro momento de la entrevista, el Cardenal expresó su preocupación por los problemas más serios que atraviesa la Iglesia en la actualidad entre los que mencionó la “actual dificultad para creer”.
“El relativismo ya es espontáneo para el ser humano de nuestro tiempo. Hoy en día parece un gesto de soberbia, incompatible con la tolerancia, pensar que hemos recibido realmente la verdad del Señor”.
“Sin embargo –señaló el Purpurado-, parece que para ser tolerantes tienen que considerarse iguales a todas las religiones, a todas las culturas. En este contexto, creer es un acto que se hace cada vez más difícil. Se asiste de este modo a la pérdida silenciosa de la fe, sin grandes protestas, en gran parte de la cristiandad. La tolerancia no es indiferencia, sino amor y respeto por el otro, y ayuda recíproca en el camino de la vida”, concluyó.

domingo, 30 de enero de 2011

Hay que recibir la liturgia como un Don


Creemos de suma importancia remitirnos a estas palabras del actual Santo Padre Benedicto XVI, pronunciadas en el ya lejano 2001, cuando todavía era el Cardenal Prefecto para la Disciplina de los Sacramentos. En ellas expone su visión sobre el Caos reinante en las celebraciones Eucarísticas y el consecuente peligro cuyos efectos son ya visibles en algunas comunidades. Pareciera con esto corroborarse lo expuesto por Mons Valentino Miserachs cuando hablaba de "laxismo post-conciliar" y de "anarquía" en la liturgia y particularmente el Canto Sagrado. No obstante, el actual Papa ya nos señalaba la "medicina" para empezar a sanar: Retomar el Ser de la liturgia como Misterio que se recibe, como un Don al que hay que aceptar.


FUENTE:
Marco Tosatti
Traducción no oficial en español:
El Cardenal: la liturgia de la Iglesia está en peligro

«CAOS EN MISA»: SOS de Ratzinger
Marco Tosatti
Ciudad del Vaticano

La liturgia de la Iglesia está en peligro: el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger, lanza una voz de alarma desde las columnas del cotidiano católico francés «La Croix», no excluyendo la necesidad de una revisión de las reformas realizadas por el Concilio Vaticano II. La principal amenaza consiste en los márgenes de «creatividad» demasiado amplios, según el purpurado, de la que gozan las comunidades católicas de los diversos continentes; las variaciones litúrgicas son tales que hacen perder de vista la unidad sustancial del rito: «Tantas personas se lamentan hoy del hecho de que ya no haya dos misas iguales –explica Ratzinger– hasta el punto de llegar
a preguntarse si existe todavía una liturgia católica.Este punto de vista es sin duda exagerado, pero el peligro existe.

De aquí mi invitación: liberémonos de nosotros mismos y abandonémonos a una realidad más grande». Ratzinger afirma que la liturgia no es sólo un componente ritual, sino que representa un elemento central de la Iglesia
católica y de la fe cristiana, y precisamente por esto es capaz de acercar a los fieles a la unión con Dios y a su obra universal. Pero el mundo moderno socava la posibilidad de entender este tipo de planteamiento: «El gran peligro de nuestro tiempo para la liturgia (como también para la catequesis) es que su dimensión cósmica es demasiado extraña a nuestra cultura individualista».El cardenal no ofrece ejemplos concretos; pero en su obra «El espíritu de la liturgia» critica el uso de la danza: «Yo mismo he asistido a una celebración en la que el acto penitencial ha sido sustituido por una representación de danza que, como es obvio, concluyó con un aplauso: ¿se nos podía alejar de un modo mejor de aquello que realmente es la penitencia?» Y añade: «Ningún rito cristiano conoce la danza».

El Prefecto se muestra favorable a orientar nuevamente hacia el este los altares así como el rostro de los fieles durante la celebración eucarística. «La oración orientada hacia el este es una tradición que viene desde los orígenes, y es expresión fundamental de la síntesis cristiana del mundo y de la historia». Con el concilio los altares se han dirigido hacia el pueblo. Si no es posible dirigir el altar hacia el oriente, se debería dirigir hacia la cruz colocada sobre el altar.
«Entre los fenómenos verdaderamente absurdos de nuestro tiempo enumero el hecho de que la cruz sea colocada a un lado para dejar libre la mirada hacia el sacerdote. Pero, la cruz durante la Eucaristía, ¿es una distracción? ¿Es más importante el sacerdote que el Señor?» Por lo tanto, quizás se debería cambiar algo: «Yo estoy a favor de la estabilidad. Si se cambiara la liturgia todos los días sería algo insoportable. Pero también la excesiva rigidez –dice Ratzinger– es contraproducente. Cada generación debe ser capaz de ver aquello que se puede mejorar para estar siempre en sintonía con los orígenes y el verdadero espíritu de la liturgia. Creo que hoy hay efectivamente materia, para la nueva generación, para "reformar la reforma".

La Stampa, 29 de diciembre de 2001

domingo, 16 de enero de 2011

La cita anual de los Músicos litúrgicos de México en 2011

Nos han hecho llegar la convocatoria del Congreso Nacional de Música Sagrada en México para este año 2011. La publicamos esperando abonar para que este sea un éxito en las tareas Pastorales de sus encargados, y en general de las Comisiones Diocesanas de Música Sagrada de todo el país.





El Departamento de Música Litúrgica de la
Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica
CONVOCA
a las Comisiones Provinciales y Diocesanas de Música Sacra, Directores y
profesores de Escuelas de Música Sacra, Profesores de Música Litúrgica en los Seminarios, Sacerdotes, Religiosos, Religiosas, Seminaristas y Ministros de Música Litúrgica al

XXXIII CONGRESO NACIONAL DE MÚSICA LITÚRGICA, del 28 de febrero al 4 de marzo de 2011, teniendo como SEDE la Diócesis de San Juan de los Lagos.

El trabajo temático y práctico se desarrollará en torno a la La Piedad Popular, con
las siguientes conferencias:
1.- Relación entre liturgia y piedad popular
2.- Relación entre la Música Litúrgica y la Música de la Piedad Popular
3.- Sugerencias Pastorales para la Música en la Piedad Popular
Además de estas ponencias, tendremos peregrinaciones a cuatro Santuarios, talleres,
celebración solemne de Laudes, algunos conciertos, momentos de intercambio y
convivencia, y las celebraciones Eucarísticas.
SEDE: Casa Juan Pablo II
Carretera San Juan – Lagos Km. 4
CUOTA DE INSCRIPCION:
$ 2,250.00 antes del 19 de Febrero de 2011, en habitación compartida.
Incluye hospedaje, alimentación, materiales y transporte a los santuarios.
$ 3,250.00 antes del 19 de Febrero de 2011, en habitación individual.
Incluye hospedaje, alimentación, materiales y transporte a los santuarios.
$ 2,550.00 después del 19 de Febrero en habitación compartida.
$ 3,550.00 después del 19 de Febrero en habitación individual.
Les invito a disponernos para vivir intensamente esta experiencia de Iglesia, a fin de dar un renovado impulso al trabajo pastoral que venimos desarrollando en las Provincias Eclesiásticas y Diócesis de México.

Favor de realizar el depósito correspondiente en Banamex Número de Cuenta: 25094 Suc. 203 Colima, Col. a nombre de Gabriel de J. Frausto Zamora.

Informes con el Secretario del DEMUSLI: Mtro. Gabriel de Jesús Frausto Zamora, 01(312) 32362 82; cel. 045 (312) 13 16 211; demusagrada@yahoo.com.mx

Muy pronto recibirán la carta invitación de nuestros anfitriones de San Juan de los
Lagos.
__________________________________
Mons. Francisco Moreno Barrón
Obispo de Tlaxcala y
Encargado del DEMUSLI

martes, 1 de mayo de 2007

¿Por qué cantar en la Liturgia?


EL CANTO EN LA LITURGIA

Por la utilidad que pueda tener para formarse criterio litúrgico-musical, me permito presentar un extracto de la conferencia del P. Alberto Aranda, M. Sp. S. dictada en el VIII Encuentro Nacional de Comisiones Diocesanas de Música Sagrada celebrada el año 1984 en la Ciudad de Tampico, la conferencia se titula: “LA POLIFONÍA ANTIGUA Y MODERNA EN LA NUEVA LITURGIA”.

El Canto en la Liturgia.

La existencia humana nos enseña el valor y el significado del canto:

Expresa sentimientos.- Cuando estamos llenos de emoción en forma muy natural sentimos la necesidad de expresarla cantando. Igualmente el canto, con más fuerza que la palabra sola, nos comunica su emotividad.

Expresión poética.- Cuando se quiere expresar algo en forma especial, con ropaje de belleza, más allá de lo utilitario, se recurre a la poesía. Esta no sólo busca lo rítmico y musical sino que para encontrar una plenitud, busca la música,

El canto compromete.-
Pide más que la sola palabra. Ocupa más las facultades todas. Necesita más del sentimiento y habilidad. Tal vez por eso se dice que “el que canta, ora dos veces”.

El canto hace comunidad.- Es un magnífico signo de identificación ya que exige tener en cuenta a los demás, participar, es decir formar parte de un todo, aportando conscientemente las propias posibilidades, sin pretender dominar.

Expresión de Fiesta.- Lo especial, lo distinto, lo alegre, y esto es la fiesta, pide naturalmente, la música y el canto.

Por todas estas cualidades y expresividades, el canto se hace parte integrante y necesaria de la celebración. Nos dice el No. 112 de la S.C. “La tradición musical de la Iglesia Universal constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria e integral de la liturgia solemne”.

martes, 13 de marzo de 2007

CRITERIOS Y BASES PARA LA CREACIÓN DEL NUEVO CANTO LITÚRGICO


CRITERIOS Y BASESPARA LA CREACIÓN DEL NUEVO CANTO LITÚRGICO

Benigna Carrillo Alday, M.Sp.S.

INTRODUCCION

Estamos viviendo una etapa muy importante en la vida de la Iglesia. Han pasado 30 años de la promulgación de la Constitución "Sacrosanctum Concilium", primer fruto del Concilio Vaticano II, que se propuso como finalidad "acrecentar de día en día entre los fieles la y vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia" (SC 1); y en el no. 2: "por eso la liturgia robustece también admirablemente sus fuerzas para predicar a Cristo".
Este llamado de la iglesia a la renovación de la liturgia ha tenido gran repercusión en elpueblo de Dios, en los diferentes aspectos de la liturgia. Aquí enfocaremos solamente lo que se refiere al canto litúrgico.
Es entusiasmante saber que el canto puede contribuir poderosamente a "la gloria de Dios y santificación de los fieles" (SC 112; MS 4); este entusiasmo se ha hecho patente a través de la enorme producción de cantos para celebrar la Eucaristía. Este hecho denota la vitalidad de la Iglesia. Qué triste hubiera sido si, ante la posibilidad de contribuir a la renovación de la liturgia por medio de la música, el pueblo de Dios hubiera permanecido indiferente.

La Iglesia como Madre y maestra, ha dirigido a sus hijos a sus sabias orientaciones en relación a las características que debe tener este nuevo canto litúrgico (SC cap. VI; MS y otros documentos más).
Este sencillo trabajo quiere aportar solamente algunos aspectos muy concretos que podrán servir al joven compositor, que se siente llamado a ofrecer a Dios y a la Iglesia el don que de él ha recibido: la música.

Estamos ante un panorama hermoso: el Espíritu de Dios suscita en su Iglesia numerosos movimientos juveniles, que son atraídos hacia una nueva oración de alabanza, bella, aún no lo conocen, a que se integren en el pueblo de Dios. Son momentos de encuentros juveniles en los que el canto es evangelizador y medio de oración con diferentes expresiones o manifestaciones externas. Hay en torno a estos grupos un gran florecimiento de composiciones de cantos con temas vocacionales o de encuentros con Cristo, que nacen llenos de gozo y espontaneidad juvenil; manifiestan una Iglesia vivificada por la presencia del Espíritu Santo, que los suscita, ya que proclaman a JESUS como Señor y a Dios como Padre.

Los textos de algunos de estos cantos no son precisamente bíblicos o litúrgicos, pero hablan de la experiencia de la fe, en el encuentro con Cristo Jesús. Además, como no nacieron para la celebración de la liturgia, carecen de características que la iglesia pide para el canto litúrgico.

Esto propicia una falta de claridad que en algunas ocasiones crea tensión entre algunas personas que quieren introducirlos sin más en la liturgia y otras que defienden celosamente el canto litúrgico como algo totalmente diferente.
Esta expresión musical debe tener su lugar dentro de la vida de la Iglesia; es una riqueza, es necesaria, no debe sofocarse, ya que evangeliza, cristianiza y llega a ámbitos más extensos que la celebración litúrgica; podríamos decir que la prepara y la prolonga.

Habiendo valorado suficientemente este canto espontáneo de la juventud, hablaremos del canto litúrgico.

Querido joven compositor:

No pienses que la liturgia va a frenar o a limpiar tu creatividad; al contrario, el exigirte más, pone ante ti un reto que te invita a superar, a dar un paso más hacia la profundidad de tu fe y de tu creación musical, ya que te da la oportunidad de participar con tu canto en la CELEBRACION DEL MISTERIO: la intervención salvadora de Dios en el aquí y ahora, por medio de la ACCION LITURGICA.

Yo creo que esto entusiasma, joven compositor, que posees un verdadero talento musical y que no quieres conformarte con seguir repitiendo o copiando, por inercia o falta de esfuerzo los cantos que se usan, que están de moda, pero que al no tener fundamento, como toda moda, caen sin haber dejado nada.
Te invito a examinar algunas características que debe tener un canto para que sea realmente litúrgico.

I. INTIMAMENTE UNIDO A LA ACCION LITURGICA

El no. 112 de SC, nos dice que "el canto sagrado constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne".

a) Debes, tener por consiguiente un amplio conocimiento de lo que es la liturgia de la iglesia; saber el contenido, el significado, el sentido de cada parte de la celebración, para que tu canto se adecúe perfectamente bien en cada momento, con sus características propias. El Concilio recomienda vivamente que los compositores tengan formación litúrgica (SC 115).

b) Tu canto debe propiciar la participación activa de toda la asamblea. Esto despliega ante ti maravillosas posibilidades, ya que puedes combinar a la vez música muy elaborada que cante el coro o solistas, con partes más sencilla en las que puedan unirse todos los participante de la celebración.
Seguramente has experimentado la belleza y la fuerza expresiva que tiene el que todo un pueblo de Dios reunido, aclame y cante a su Señor, y no sólo un pequeño grupo.

c) Los diferentes tiempos del Año Litúrgico te dan la oportunidad de dar a tu canto una gran variedad de expresión. No es los mismo un canto de Adviento, que uno de Navidad, o de Cuaresma o de Pascua y Pentecostés. Así como los ornamentos del sacerdote cambian de color, que perciben los ojos, tu canto debe cambiar de color que perciban los oídos. No sólo el texto, sino la música misma, debe hacer sentir el acontecimiento que celebra la Iglesia. Esto supone que debes adentrarte muy profundamente en la contemplación del misterio de Dios. Y aún cuando se use el mismo texto, por ejemplo, el Aleluya, suena distinto un aleluya navideño que un aleluya pascual. No caigamos en la rutina de todo el año, esto es falta de sensibilidad, pero también falta de esfuerzo.

II. FIDELIDAD A LA PALABRA

Te pide el Concilio que para componer tus cantos tomes principalmente la misma Palabra de Dios (SC 121), porque esta Palabra tiene vida en sí misma y la comunica, ya que en la Sagrada Escritura el mismo Dios habla y nos da su Palabra, que es Cristo el Señor, vivo y presente entre nosotros. Juntamente con toda la Iglesia, los músicos estamos comprometidos con el anuncio de la Buena Nueva que es el Señor Jesús. Tu canto no debe anunciar otra cosa que a Cristo, el Hijo de Dios y de María.
Es verdad que no siempre es posible que todo el canto sea literalmente la Palabra de Dios, por eso el Concilio nos da la oportunidad de componer letras, pero con la condición de que estén de acuerdo con la doctrina católica (SC 121). Si además del don de la música, el Señor te dio el don de la poesía ¡te felicito!, pues tiene la capacidad de comentar con propiedad y belleza los contenidos de la fe.

Si en la actualidad hay pobreza musical en muchos cantos, igual pobreza o mayor aún la hay en las letras de los cantos y con mayor trascendencia, pues la palabra es la que transmite el concepto, la que debe contener la verdad; y qué irresponsabilidad al transmitir, no la Palabra de Dios, sino palabrillas desabridas y aún con errores de fe. Dice un autor: "Dime lo que cantas y te diré lo que crees".
Siéntete, pues, responsable del inapreciable don que el Señor te da al entregarte su Palabra.

Si en verdad crees esto: ¿cómo debes tomar la Palabra?

a) Primero con grande fe, respeto y amor; llevarla a la oración, para que el Espíritu te descubra su profundidad y te haga captar su mensaje. Es en este primer momento donde se inicia el nacimiento de tu canto. Al captar la hondura de lo que se te revela, tendrás la intuición de la música que debe acompañar esa Palabra. Después seguirán otros pasos más técnicos, pero muy necesarios.

b) Recita en voz alta el texto que quieres musicalizar. Descubre el ritmo literario que tiene, localiza los acentos de las palabras, declámalo, disfrútalo.

c) Traduce en melodía todos estos elementos que ya tienes y no olvides lo siguiente: la melodía es servidora de la palabra, se une a ella para elevarla, para revestirla de belleza y ayudar a que llegue más fácilmente más cálidamente a los que la escuchan. Debe ser como un pedestal donde la luz brille más alto.

d) No destroces la Palabra, es un tesoro que tienes en tus manos. Me preguntarás cómo puedes destrozarla . Por ejemplo, cuando, sin tenerla en cuenta, piensas primero en hacer música; pones melodía, ritmo, instrumentación, efectos y demás, y después metes la palabra para acomodarla a lo que prefabricado por ti, y que lógicamente ni va de acuerdo con su sentido, cuando las palabras se acentúan más al ser cantadas, cuando no corresponde su sentido al estilo de música que pusiste.
Este error en la actualidad es muy frecuente.

Hay cierta obsesión por repetir ritmos muy usados, muy desgastados, más bailables que cantables; posiblemente en un primer momento tengan aceptación, pero no sirven realmente a la palabra. Hay muchos cantos que aprietan literalmente las palabras para que quepan en un esquema rítmico o lógicamente no se oye ni se capta lo que se está cantando, porque no hay declamación, no hay anuncio, no hay evangelio; hay sólo un ruido sin sentido.

Pedirás seguramente que te dé un modelo para captar más claramente lo que te digo. Sí, si hay un modelo: el canto gregoriano.

Examina en que forma toma la palabra, cómo la declama, la eleva y le da profundidad, cómo la introduce con suavidad y belleza en el interior de quien lo canta o lo escucha. Por eso ha sido alimento espiritual de la iglesia durante tantos siglos, y aún ahora el Concilio nos lo propone en primer lugar (SC 116). Escucha el canto gregoriano, estúdialo, cántalo, sumérgete en su profundidad, y saca de ese manantial, sin copiarlo servilmente, inspiración para tu propio canto.

III. FIDELIDAD AL ESPIRITU

Seguramente habrás captado ya la presencia del Espíritu al hablar de la Palabra, y así es; siempre están unidos Palabra y Espíritu. Sólo por el Espíritu podemos acoger la Palabra. Sin embargo, voy a hablarte ahora del Espíritu en su relación que tiene con la música. Al hablar de esto, hablamos de lo inefable, de lo que nuestra razón no puede comprender; entonces debes saber que lo que te digo es como un balbuceo bastante impreciso; pero conviene que así sea. No se puede precisar lo que no se puede comprender con la razón.

a) El Espíritu de Dios tiene como nombre Ruah en hebreo, Pneuma en griego, Spiritus en latín; y los tres nombres significan lo mismo: VIENTO, SOPLO DE VIDA.
En el libro de la Sabiduría (1,7) se nos dice de este Viento de Yahveh, que: "él, que todo lo abarca, posee la ciencia de la voz", (según la traducción latina) y en el Salmo (33,6), se nos habla del Espíritu Creador, como la Voz del Señor, el soplo de su boca, que juntamente con la Palabra, hacen brotar los cielos y la tierra, que glorifican y cantan a Yahveh (Sal 103; 104 y muchos más).
En tu canto, unes la palabra al soplo de tu boca para que por tu voz que canta, la palabra se haga sonora y pueda ser escuchada.
Por la fe y por la gracia la palabra y el Espíritu habitan en d, y es "el mismo Espíritu el que une a ti con gemidos inefables "(Rom 8,26) para expresar tu alabanza a Dios.

b) Otra relación íntima entre Espíritu y música la encontramos muy frecuentemente en los Salmos: el gozo, la alegría. El salmista se siente lleno de gozo, de la alegría de Dios, y de allí brota su canto: "¡Gritad de gozo a Dios, nuestra fuerza, aclamad al Dios de Jacob!, ¡Entonad la salmodia, tocad el tamboril, la melodiosa cítara y el arpa...!" (Sal 81,2-3); "Mi corazón y mi carne gritan de alegría hacia el Dios vivo...Dichosos los que te alaban por siempre" (84,3-5) "¡Venid, cantemos gozosos a Yahveh!" (95,1). Y muchísimos más.
El gozo espiritual es fruto del Espíritu Santo; entonces el manantial de donde brota tu canto lleno de alegría que alaba a Dios, es el mismo Espíritu Santo.

c) También en los Salmos encontramos la relación que hay entre el amor y el canto "Quiero cantar el amor y la justicia, para ti, Yahveh, salmodiare" (101,1); "A punto está mi corazón, oh Dios, voy a cantar, voy a salmodiar ¡despierta, gloria mía!... ¡despertad cítara y arpa! ¡a la aurora he de despertara (108,2); "Sácianos de tu amor a la mañana, que exultemos y cantemos toda nuestra vida" (90,14). Y otros muchos más. San Agustín también nos dice: "Es propio del que ama el cantar".
Y el Espíritu Santo es el Amor personal de Dios.
Entonces, tu canto es amor, es gozo que se expresa en el viento de tu voz, impulsado por el que es AMOR, GOZO, VIENTO. Tu canto es inspirado por él.

IV. LA INSPIRACION

La inspiración es como el toque del Espíritu en tu interior en el que te revela intuitivamente algo del Misterio de Dios, para que luego tú lo traduzcas, lo exprese externamente, por medio de tu canto. Lo pone en ti como semilla, que tú tienes que hacer fructificar.
No es fácil el paso de la inspiración, captada por intuición, hacia la concretización en la forma externa. Necesitas hacer despliegue de energía; es el momento de tu colaboración personal, de la creación artística. Lo anterior es regalo, es don, es carisma; este segundo paso es esfuerzo sincero por ser al don, ser fiel a lo intuido por inspiración.

En este despliegue de energía, debes ser exigente contigo mismo, no traicionar el don con tu falta de esfuerzo. Debe haber adecuación entre lo que intuiste y lo que expresas.

Para esto necesitas un estudio serio de la música. Debes hacerte ayudar por maestros que te enseñen la técnica de la composición, y esto supone un trabajo arduo. Muchos se detiene aquí; prefieren improvisar líricamente. Claro que hay genios que pueden hacerlo; lo malo es que algunos creen que son genios y no lo son en realidad, el resultado es una triste mediocridad.

El estudio serio de la música te va a dar posibilidades infinitas en la forma de expresar tu canto, y así podrás moverte con seguridad y libertad, sin temor. No caerás en cantinelas somnolientas y repetitivas, sino que darás a tu canto, una gran variedad de expresión, de acuerdo siempre a la Palabra.

V. CONCLUSIONES

Aportarás a la Iglesia un canto nuevo, lleno de belleza y de vigor y, a la vez, lleno de delicadeza y finura, que de todo esto tiene el Espíritu; es viento impetuoso y también brisa suave...; será tu canto, a la vez expresión de tu fe y de tu cultura, pues la Iglesia quiere que surja en cada pueblo una alabanza a Dios inculturada (Cfr. Sto. Domingo 13.29.35). Así colaborarás eficazmente a la ambición del Concilio, hacer que "la liturgia robustezca admirablemente sus fuerzas para predicar a Cristo" (SC 2).
Es posible que tú no seas precisamente compositor, pero eres encargado del coro de parroquia o de tu comunidad, o simplemente te interesa la música en relación con la liturgia; te sugiero que para seleccionar los cantos tomes en cuenta estos criterios y estas bases que, teniendo como fundamento las enseñanzas de la iglesia, aquí te propongo. Te serán útiles.