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jueves, 20 de diciembre de 2007

Mons. Bartolucci: Una interesante entrevista




Hacemos eco de una riquísima entrevista a Mons Bartolucci, Ex Director de la Capilla Sixtina, considerado el coro particular del Santo Padre.



por Riccardo Lenzi.

Pregunta: Maestro Bartolucci, no menos de seis papas han asistido a sus conciertos. ¿Cuál de todos ellos podría decir Ud. que ha sido el más experto en materia de música?

Respuesta: En el más reciente, Benedicto XVI. Toca el piano, tiene un profundo conocimiento de Mozart, ama la liturgia de la Iglesia y consecuentemente pone un gran énfasis en la música. Pío XII era un gran amante de la música y frecuentemente tocaba el violín. La Capilla Sixtina le debe mucho a Juan XXIII. En 1959 me dio permiso para restaurar la Sixtina que, desafortunadamente estaba en muy malas condiciones en parte a causa de la enfermedad del director anterior, Lorenzo Perosi. No tenía ya miembros estables, archivo musical o tan siquiera una oficina. De modo que obtuvimos la oficina, despedimos a los falsettos y la composición del coro lo mismo que los honorarios de sus miembros quedaron establecidos. Finalmente también fue posible organizar el coro de niños. Luego vino Pablo VI, pero era sordo para la música, y no se cuánto aprecio tenía de ella.

Pregunta: ¿Fue Perosi el así llamado restaurador del oratorio italiano?

Respuesta: Perosi fue un auténtico músico, un hombre completamente consumido por la música. Tuvo la buena fortuna de dirigir la Sixtina en los tiempos del Motu Proprio sobre la música sagrada, que verdadera y justamente quería purificar de los efectos teatrales de los que estaba contaminada. Pudo haber dado un nuevo impulso a la música de la Iglesia, pero desafortunadamente no tenía una comprensión adecuada de la polifonía en la tradición de Palestrina y en la tradición de la Sixtina. También ¡confió la dirección del coro de canto gregoriano al vice-maestro! Sus composiciones litúrgicas con frecuencia se destacaban por un estilo ceciliano superficial, tan alejado de esa perfecta fusión de texto y música.

Pregunta: Perosi imitaba a Puccini...

Respuesta: Pero Puccini era un hombre inteligente. Y sus fugas son en mucho superiores a la de Perosi.

Pregunta: ¿Fue Perosi, de alguna manera, el precursor de la vulgarización actual de la música sagrada?

Respuesta
: No exactamente. Hoy en día, la moda en las iglesias es la de las canciones inspiradas en el pop y en el estruendo de las guitarras, pero la culpa es sobre todo en los pseudo intelectuales que han fabricado esta degeneración de la liturgia, y así, de la música, tirando por la borda y despreciando la herencia del pasado con la idea de obtener quien sabe qué ventajas para la gente. Si el arte de la música no regresa a su grandeza dejando de ser un subproducto, no tiene sentido preguntarse qué función cumple en la Iglesia. Estoy en contra de las guitarras, pero también estoy en contra de la supeficialidad del movimiento ceciliano en la música. Es más o menos la misma cosa. Nuestro lema debe ser: ¡volvamos al Canto Gregoriano y a la polifonía en la tradición de Palestrina, y sigamos por ese camino!

Pregunta: ¿Cuáles son las iniciativas que Benedicto XVI debería llevar adelante para realizar este plan en un mundo de discotecas y iPods?

Respuesta: El gran repertorio de la música sagrada que nos ha sido entregado desde el pasado está compuesto por Misas, ofertorios, responsorios: antiguamente no existía nada así como una liturgia sin música. Hoy no hay lugar para este repertorio en la nueva liturgia, que es una conmoción discordante -y es inútil fingir que no lo es-. ¡Es como si le hubiesen pedido a Michelangelo que pintase el Juicio Final sobre una estampilla! Dígame, por favor, como es posible hoy interpretar un Credo, o inclusive un Gloria. Primero deberíamos regresar, al menos para las misas solemnes o de días festivos, a la liturgia que da a la música su lugar propio y se expresa en el lenguaje universal de la Iglesia, el latín. En la Sixtina, después de la reforma litúrgica, yo pude mantener vivo el repertorio tradicional de la Capillla solo en conciertos. Solamente piense ¡la Missa Papae Marcelli de Palestrina no ha sido cantada en San Pedro desde el tiempo del papa Juan XXIII! Se nos dio graciosamente el permiso para interpretarla durante la conmemoración de Palestrina, y ellos la querían sin el Credo, pero en ese momento no cedí y fue interpretada en su totalidad.

Pregunta: ¿Cree Ud. que la asamblea de los fieles debería participar en el canto de las melodías gregorianas durante las celebraciones litúrgicas?

Respuesta: Hay que hacer distinciones en la interpretación del Canto Gregoriano. Parte del repertorio, por ejemplo los Introitos o los Ofertorios requieren un nivel de refinamiento artístico extremadamente elevado y solo pueden ser interpretados apropiadamente por verdaderos artistas. Pero hay una parte del repertorio que es cantada por el pueblo: pienso en la Misa de Angelis, la música procesional, los himnos. En otro tiempo era muy conmovedor escuchar a los fieles cantar el Te Deum, el Magnificat, las letanías, música que la gente habia asimilado y había hecho propia. Hoy poco de esto queda ya. Y más aún, el Canto Gregoriano ha sido distorsionado por las teorías rítmicas y estéticas de los Benedictinos de Solesmes. El Canto Gregoriano nació en tiempos violentos, y debe ser viril y fuerte y no la dulce y confortable adaptación de hoy en día.

Pregunta: ¿Cree Ud. que las tradiciones musicales del pasado están en vías de desaparición?

Respuesta: Parece una afirmación razonable: si no hay continuidad para mantenerlas vivas, están destinadas al olvido, y la liturgia en curso ciertamente no las favorece.... Soy por naturaleza un optimista, pero juzgo la presente situación con todo realismo y creo que un Napoleón sin generales puede hacer poco. El lema actual es "…ve a la gente, mírala a los ojos"…, ¡pero todo esto es un montón de palabras vacías! Haciendo esto solo nos celebramos a nosotros mismos, y el misterio y la belleza de Dios permanecen escondidas para nosotros. De hecho, estamos siendo testigos de la decadencia de Occidente. Un obispo africano me dijo cierta vez: "…Tenemos la esperanza de que el Concilio no elimine el latín de la liturgia, porque si así lo hiciera, mi país se sumiría en una Babel de dialectos"….

Pregunta: ¿Acaso Juan Pablo II no puso algo de orden en estos asuntos?

Respuesta: A pesar de un número de admoniciones, la crisis litúrgica se agravó más profundamente durante su pontificado. A veces fueron las celebraciones papales mismas las que contribuyeron a esta nueva tendencia con sus bailes y sus tambores. Una vez me fui diciéndoles: "…¡Llámenme cuando se acabe el show!"…. Ud. bien advierte que si estos son los ejemplos que vienen de San Pedro, las admoniciones y las quejas no son de mucho provecho. Siempre objeté estas cosas. Incluso aunque me echaran a patadas, en apariencia se debió al hecho de haber cumplido los 80, y no me arrepiento de lo que hice.

Pregunta: ¿Que significaba en otro tiempo cantar en la Sixtina?

Respuesta: El lugar y el Coro formaban una unidad, lo mismo que la música y la liturgia conforman una unidad. La música no es un mero ornamento, sino que da vida al texto litúrgico, y el cantor es de algún modo un sacerdote.

Pregunta: ¿Es posible, hoy en día, componer en el estilo del canto gregoriano?

Respuesta: Por un lado, necesitamos recuperar el espíritu y la solidez. Pero la Iglesia ha hecho lo contrario, favoreciendo las melodías simplonas, inspiradas en el pop, fáciles a los oídos. Se pensó que esto haría feliz a la gente y este es el camino que se eligió. Pero eso no es arte. El gran arte es densidad.

Pregunta: ¿No afirmaría Ud. que algún compositor de hoy en día es capaz de revivir esta tradición?

Respuesta: No es una cuestión de aptitud: es la atmósfera lo que falta. La falta no es de los músicos, sino de lo que le piden que hagan.

Pregunta: Y sin embargo, los monjes de Santo Domingo de Silos han vendido milliones de CDs de Canto Gregoriano. También podemos mencionar la tercera sinfonía de Gorecki, con sus referencias medievales...

Respuesta: Son fenómenos de la sociedad de consumo que tienen poco interés para mí.

Pregunta: Pero hay compositores de autoridad indiscutible que han puesto la fe en el centro del escenario, como por ejemplo Pärt o Penderecki...

Respuesta: Ellos no tienen el sentido litúrgico. Mozart fue también un grande, pero dudo que su música sagrada se encuentre cómoda en una catedral. Pero el Canto Gregoriano y Palestrina se complementan sin fisuras con la liturgia.

Pregunta: En efecto, las cartas de Mozart no manifiestan ningún sentimiento religioso relevante. Y aún así, el "…et incarnatus est"… de su misa en C menor, la frase soprano de los vientos explica perfectamente el misterio de la encarnación...

Respuesta: No se olvide de que el padre de Mozart era maestro de capilla. Y de este modo, lo quisiera o no, respiró profundamente el aire de la Iglesia. Siempre hay algo muy concreto, en especial en la niñez de un hombre, que explica su profundidad espiritual. Piense en Verdi, quien siendo niño fue instruido musicalmente por un sacerdote y tocaba el órgano en la misa.

Pregunta
: ¿Se siente un poco solo, sin herederos?

Respuesta: No ha quedado ninguno. Creo que soy el último Maestro de Capilla.

Pregunta: Pero en Leipzig, en la iglesia de Santo Tomás, ejerce el décimosexto Kantor desde la época de Bach...

Respuesta: En Alemania, en el ámbito protestante, los descendientes del compositor de los concierto de Brandemburgo cuidan celosamente su identidad. Verdi con toda razón decía que los alemanes son los hijos fieles de Bach, mientras que los italianos son los hijos degenerados de Palestrina.

Pregunta: Hablando de Verdi, la gran música sagrada no siempre es compatible con la liturgia...

Respuesta: Por cierto que no. La Misa de Requiem de Verdi no puede ser propiamente llamada misa apta para la liturgia, ¡pero piense en el poder con que el significado del texto emerge de ella! Beethoven, también: escuche el comienzo del Credo. Es completamente diferente del estilo propio del movimiento ceciliano. Estas son obras maesras de la música sacra que tienen su lugar adecuado en los salones de concierto.

Pregunta: Bruckner también era un compositor muy inspirado...

Respuesta: Tenía el defecto de ser excesivamente largo. Su misa para vientos, en E menor, es muy tediosa.

Pregunta: ¿Estaba en lo correcto Malher cuando decía que Bruckner era "…un semidios y un semitonto"…?

Respuesta: Es correcto. Tenía momentos extraordinarios, como sus tratamientos magistrales con el arco. Pero luego empezaba a exagerar y entonces...

Pregunta: ¿A Ud. le gusta Malher?

Respuesta: Es como Bruckner, en extremo repetitivo. A uno le gustaría gritarle, llegado cierto punto: ¡córtala, ya entendimos!

Pregunta: Según Ratzinger, hay una música que es un fenómenos de masas, la música pop, y que es medida según los parámetros del mercado. Y hay una música culta, cerebral que está destinada a una pequeña élite...

Respuesta: Esta es la música de los modernos, desde Schönberg en adelante, pero la música sacra debe seguir el espíritu del Gregoriano y respetar la liturgia. El cantor en la Iglesia no está allí como artista, sino como quien ora, o como alguien que predica con el canto.

Pregunta: ¿Envidia a las Iglesia Orientales?

Respuesta: No han cambiado nada, y bien que han hecho. La Iglesia Católica ha renunciado a ser ella misma y a su ornamento propio, como esas mujeres que se hacen cirugía plástica: se vuelven irreconocibles y a veces sufren graves consecuencias.

Pregunta: ¿Fue su padre quien lo trajo a la música?

Respuesta: Era un trabajador en una fábrica de ladrillos en Borgo San Lorenzo, en la provincia de Firenze. Amaba cantar en la iglesia. Y amaba las romanzas de Verdi y Donizetti. Pero en aquel tiempo todo el mundo cantaba: los granjeros mientras cosechaban sus viñas, los zapateros mientras hacían su trabajo en la soledad de su taller. Había bandas en la piazza, durante las vacaciones venían directores de orquesta desde Florencia y el teatro de nuestra zona tenía dos temporadas por año. Hoy todo eso se ha perdido.

Pregunta: En Italia las autoridades han cortado el financiamiento de las orquestas y los teatros...

Respuesta: Hicieron bien. Esas organizaciones tenían demasiada gente que era simplemente un peso muerto. Tome por ejemplo las oficinas administrativas. al comienzo había cuatro o cinco personas, ahora hay veinte o veinticinco.

Pregunta: ¿En qué sentido pueden Palestrina, Lasso o Victoria ser considerados relevantes?

Respuesta: Por su densidad musical. Palestrina es el padre fundador, que primero que entendió lo que significa hacer música… intuyó la necesidad del elemento contrapuntístico vinculado con el texto, al contrario de la complejidad y de las reglas de composición flamencas.

Pregunta
: El filósofo Schopenhauer decía que la música es la cumbre de todas las artes, la objetivización inmediata de la Voluntad. Para los católicos ¿puede definirse como la expresión directa de Dios, de su Palabra?

Respuesta: La música es Arte, arte con mayúsculas. La escultura es mármol, y la arquitectura tiene el edificio. Ud. ve la música solo con los ojos del espíritu… entra en Ud. Y la Iglesia tiene el mérito grandioso de haberla cultivado en sus cantorías, de haberle dado su sintaxis y su gramática. La música es el alma de la palabra que se convierte en arte. Es aquella que más definitivamente lo predispone a descubrir y dar la bienvenida a la belleza de Dios. Por esta razón, ahora más que nunca la Iglesia debe recuperarla.

miércoles, 6 de junio de 2007

Música Sagrada en la Basílica Papal.




Tomado de la Página Vaticana

La salvaguardia de la antigua escuela romana llevada a cabo por la Capilla Liberiana recibió por fortuna nueva savia e impulso con el “movimiento ceciliano”. Se le devolvió a la música sagrada importancia y dignidad; se multiplicaron los esfuerzos en la investigación paleográfica y se llegó a la promulgación por parte de Pío X del Motu proprio Inter pastoralis officci sollicitudines (1903), que le devolvió plena dignidad al canto sagrado, y se fundó el Pontificio Instituto de Música Sagrada (1911).

En este clima de renovado fervor musical se inserta el gran maestro de ese siglo: Licinio Refice. Director de la Capilla Liberiana desde 1911 hasta 1947 fue, junto con Lorenzo Perosi y Raffaele Casimiri, el verdadero artífice de la renovación de la música sagrada italiana. Profesor del Pontificio Instituto escribió oratorios, cantatas, poemas sinfónico-corales, las óperas Cecilia (1934) y Margherita da Cortona (1938), además de una abundante producción musical litúrgica, en gran parte inédita, sacada a la luz por Mons. Miserachs y conservada en los archivos de la Basílica.

Desde 1947 a 1977 prosiguió su obra Domenico Bartolucci, que luego sería llamado a dirigir la Capilla Sixtina, figura de gran autoridad y atento conocedor de la antigua escuela polifónica, que impregna profundamente su estilo compositivo. Autor también de oratorios y profesor del Pontificio Instituto de Música Sagrada, desde 1973 contó con la colaboración de mons. Miserachs, actual maestro titular. Valentí Miserachs Graus nace en Cataluña en 1943. Llega a Italia en 1963 para completar sus estudios teológicos y musicales. Ha sido organista de la Capilla Julia de San Pedro bajo la dirección de Armando Renzi desde 1975 a 1980. Profesor de composición durante cinco años en el conservatorio de Matera, es uno de los fundadores de la escuela de música “Tomás Luis de Victoria” de Roma, donde durante veinte años ha enseñado Composición, Órgano, Canto coral y Dirección polifónica y Ejercitación orquestal. Es notable su actividad concertística, tanto como organista que como director de conjuntos corales y orquestales. Además de su producción musical litúrgica destinada a la solemnización del culto en la Basílica —4 volúmenes de Motetes, Magnificat, Misas, Salmos responsoriales, Vísperas, etc.— destacan los oratorios Beata Virgo Maria, Stephanus, Isaia, Mil anys, el poema sinfónico-coral Nadal y la Suite Manresana para orquesta. Desde 1995 es el Presidente del Pontificio Instituto de Música Sagrada.

Bajo la dirección del Maestro Miserachs y de su colaborador el p. Aurelio Zorzi sm, la Capilla Liberiana es desde hace años un motivo de orgullo para la Basílica de Santa María la Mayor. Durante todos los domingos “per annum” el servicio de los cantores (unos veinticinco entre tenores y bajos) y del organista titular, el maestro Juan Paradell Solé, o de su sustituto el maestro Gabriele Terrone, solemniza la santa Misa capitular de las 10 de la mañana. La plantilla masculina se enriquece en las principales solemnidades con un coro femenino, preparado y dirigido por el maestro Antonio Alessandri, que suple la falta de voces blancas. Otra señal de la voluntad de devolverle su lustro y esplendor a este “monumento vivo” de la música sagrada ha sido la institución de un grupo estable de metales, dirigido por el maestro Luca Petrongari. Su intervención en las solemnidades mayores (Navidad, Pascua de Resurrección, Pentecostés, etc) corona el clima de maravillosa elevación espiritual que puede respirarse en las amplias naves del templo mariano por excelencia. Pero no cabe duda de que la liturgia alcanza su máximo esplendor en las celebraciones de la Inmaculada, de la Asunción y en la fiesta de la Consagración de la Basílica, el 5 de agosto. Es la tradicional fiesta romana de la Virgen de la Nieve que termina con la espectacular “nevada” de pétalos blancos en la nave central durante el canto del Gloria en la Misa y del Magnificat en la celebración de la Segundas Vísperas.

No es menor el encanto que conservan los servicios de Adviento y de Cuaresma que, respetando la tradición más antigua, se realizan rigurosamente “a capella”. Es asimismo sugestiva la participación de los cantores en las procesiones del Domingo de Ramos y del Corpus Christi y en las funciones de la Semana Santa.

Por desgracia en los últimos decenios una fanática y falsa referencia a los dictámenes del Concilio Vaticano II, a menudo ampliamente tergiversados, ha causado un progresivo cuanto deletéreo rechazo de la sana práctica coral en favor de “modernas” formas musicales con la ilusoria intención de hacer más actual y atractiva la liturgia. En este difícil panorama la Capilla Liberiana se presenta como el baluarte de la tradición romana más auténtica, que tanto ha dado al mundo de la música y cuyo patrimonio no puede ni debe olvidarse. Muestras de estima y aprecio por parte de los cardenales arciprestes de los últimos treinta años y de todo el Cabildo, además de los numerosos estimadores y amigos, animan al maestro, a los maestros colaboradores y a todos los cantores a perseverar en su misión de testigos del arte musical sagrado.